¿Molestias en el embarazo? Cómo actuar de forma segura

VADEMECUM - 26/06/2026  PUBLICACIONES

Las molestias en el embarazo requieren decisiones terapéuticas diferenciadas. Los casos de estudio muestran estrategias basadas en evidencia para las náuseas, la diabetes gestacional y las infecciones.

Las molestias en el embarazo son una causa frecuente de consulta en la práctica médica y en la farmacia. Los casos de estudio muestran situaciones típicas en las que es necesario diferenciar cuidadosamente entre síntomas temporales, factores de riesgo relevantes y evoluciones que requieren tratamiento. Para la atención, son fundamentales un diagnóstico estructurado, objetivos terapéuticos claros y una consulta temprana.

Interpretar correctamente las náuseas en el embarazo

Las náuseas y los vómitos relacionados con el embarazo afectan a aproximadamente el 50 al 90 % de todas las mujeres embarazadas, típicamente en el primer trimestre y no solo por la mañana. Los signos de alarma de una hiperémesis gravídica son vómitos persistentes con más de cinco episodios al día, una pérdida de peso de más del 5 %, cetonuria y, en caso necesario, deshidratación y desequilibrios electrolíticos. Un inicio después de la semana 10 del embarazo es atípico y debe hacer pensar en diagnósticos diferenciales como embarazo múltiple, mola hidatiforme, gastroenteritis, apendicitis, úlcera gástrica, hepatitis o hipertiroidismo. En etapas posteriores, también pueden considerarse la eclampsia, el síndrome HELLP o la esteatosis hepática.

Como parte de las medidas no farmacológicas, se recomiendan comidas pequeñas y frecuentes con una dieta rica en proteínas y carbohidratos, pero baja en grasas y ácidos, así como tomar bebidas frías y claras a pequeños sorbos y evitar el ruido, el calor, los olores fuertes y el estrés. El uso de jengibre es aconsejable al haber demostrado ser superior al placebo, mientras que la evidencia sobre la acupresión es inconsistente, aunque puede utilizarse si a la paciente le resulta reconfortante. Si los síntomas limitan significativamente la calidad de vida, no se debe descartar el tratamiento farmacológico, siendo la combinación de piridoxina y doxilamina la opción más estudiada y segura. Por su parte, el dimenhidrinato no presenta pruebas de efectos teratogénicos, pero debe evitarse en el tercer trimestre (especialmente si hay contracciones prematuras), dejando la metoclopramida como medicamento de reserva. Finalmente, en caso de resistencia al tratamiento, deshidratación y una pérdida de peso superior al 5%, se requerirá el ingreso hospitalario para administrar por vía intravenosa líquidos, vitaminas, carbohidratos, antieméticos y, si fuera necesario, corticoides. 

Tratamiento específico para la diabetes gestacional

Los principales factores de riesgo para la diabetes gestacional son un índice de masa corporal (IMC) preconcepcional superior a 30 kg/m², la inactividad física, los antecedentes familiares de diabetes, haber tenido diabetes gestacional en un embarazo previo, pertenecer a ciertos grupos étnicos de riesgo y una edad materna avanzada. El cribado de rutina se realiza entre las semanas 24 y 28 de gestación mediante una prueba de cribado con 50 g de glucosa (conocida comúnmente como test de O'Sullivan), aunque en pacientes con alto riesgo se debe programar una prueba de sobrecarga oral de glucosa antes de la semana 24.

Como primera línea de tratamiento, se priorizan los cambios en la alimentación y el ejercicio físico, acompañados de un autocontrol de la glucemia mediante un perfil de cuatro puntos diarios (en ayunas y después de las tres comidas principales). Si estas medidas no resultan suficientes, se recurre a la insulinoterapia, empleando por ejemplo una pauta que combine insulina NPH por la noche e insulina de acción rápida antes de las comidas principales, con el fin de mantener la glucosa en rangos de normalidad, asegurar una ganancia de peso materno adecuada y garantizar un desarrollo fetal óptimo. Cabe destacar que una diabetes gestacional mal controlada se asocia con un mayor riesgo de hipertensión gestacional y preeclampsia en la madre, mientras que en el bebé incrementa el riesgo de macrosomía -con sus consecuentes complicaciones en el parto-, hipoglucemia posnatal y trastornos respiratorios, además de predisponerlo a largo plazo a sufrir obesidad, diabetes mellitus, síndrome metabólico e hipertensión arterial.

Reconocer y tratar la infección del tracto urinario

En el caso de la infección del tracto urinario durante el embarazo, se recomienda una terapia con antibióticos. Desde el punto de vista diagnóstico, la tira reactiva por sí sola no es suficiente debido a su limitada sensibilidad. Además de la anamnesis con síntomas típicos como flujo vaginal, fiebre o dolor en el costado, se recomiendan la cultivo de orina y el examen físico. Los medicamentos de elección son pivmecillinam y cefuroxima, y fosfomicina como segunda opción. Debido al riesgo de daños teratogénicos, no se recomiendan nitrofurantoína, sulfonamidas, trimetoprima, fluoroquinolonas, aminoglucósidos y tetraciclinas.

Abordaje precoz de la migraña

Para el abordaje de las crisis de migraña durante el embarazo, los triptanes constituyen una opción terapéutica válida, siendo el sumatriptán el fármaco con mayor experiencia acumulada y perfil de seguridad documentado. En cuanto a los antiinflamatorios no esteroideos (AINE), el ibuprofeno es el más consolidado, pudiendo emplearse el ácido acetilsalicílico (AAS) como alternativa, mientras que el naproxeno cuenta con menor respaldo científico; no obstante, su uso está estrictamente condicionado por la edad gestacional, por lo que los AINE no deben pautarse durante varios días seguidos a partir de la semana 20 ni utilizarse bajo ningún concepto a partir de la semana 28 de gestación. Para el control de las náuseas asociadas al ataque de migraña se recomienda la metoclopramida o el dimenhidrinato -evitando este último en el tercer trimestre-, desaconsejando por completo el uso de coxibs, ergotamina, gepantes y ditanes. Por último, durante el periodo de lactancia es seguro administrar ibuprofeno, sumatriptán o dosis únicas de naproxeno sin necesidad de suspender la lactancia materna, resultando también viable el uso de metoclopramida y dimenhidrinato en pautas cortas o de forma puntual.

Implicaciones prácticas para la atención sanitaria

Estos ejemplos ponen de manifiesto que las molestias habituales durante la gestación no deben subestimarse ni, por el contrario, abordarse con intervenciones médicas desproporcionadas de forma precipitada. La clave radica en saber identificar a tiempo los signos de alarma, seleccionar la alternativa terapéutica más segura -tanto farmacológica como no farmacológica- y mantener una estrecha colaboración y coordinación entre la consulta médica y la oficina de farmacia.



Autor: Marlene Flach

Formación "Quejas durante el embarazo - tratamiento y asesoramiento conjunto", Cámara de Médicos de Berlín, 10.06.2026, Ponentes: Dr. Sabine Gehrke-Beck y Dr. Nicole Zimmermann.

 

Fuente: GELBE LIST

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